¿Qué quiere decir que un alimento esté fortificado o enriquecido?

En las góndolas del súper podemos leer "fortificado" en algunas etiquetas y "enriquecido" en otras, y puede parecer que hacen referencia a lo mismo. El Código Alimentario Argentino (CAA) define a los alimentos fortificados como aquellos a los que se les añadieron cantidades significativas de proteínas, aminoácidos, vitaminas, minerales o ácidos grasos esenciales, de modo que su proporción supere la del alimento corriente. Para que cuente como fortificado, ese nutriente tiene que estar en una cantidad mínima: para vitaminas liposolubles (como la D) o minerales (como el hierro), la porción debe aportar entre el 20% y el 50% del %VD; para vitaminas hidrosolubles (como la C), entre el 20% y el 100% del %VD.
Los alimentos enriquecidos, en cambio, son aquellos a los que se les añaden nutrientes esenciales para resolver deficiencias nutricionales que afectan a toda una población (carencia colectiva) — por ley se obliga a agregarlos, para evitar que esa carencia derive en ciertas patologías. A diferencia del fortificado, que es voluntario (cada empresa decide si lo agrega), el enriquecido es obligatorio. En Argentina, por ley, tienen que enriquecerse:
- Harina de trigo: con hierro, ácido fólico, tiamina, riboflavina y niacina, para prevenir anemia y malformaciones del tubo neural.
- Sal de mesa: con yodato de potasio, para prevenir el bocio.
- Leche entera en polvo (programas nacionales de asistencia a niños y embarazadas): con hierro, zinc y vitamina C.
Por eso, al leer la etiqueta de estos alimentos vamos a notar que dice "enriquecido" y se detallan los nutrientes con los que fue enriquecido.