El peligro oculto en el molde de la abuela: latas de conserva en el horno

Seguro lo viste en algún video de "trucos de cocina" o en el recetario de tu abuela: usar una lata vacía de dulce de batata, membrillo o durazno como molde improvisado para hornear un bizcochuelo cilíndrico o un pan dulce. Parece una genialidad del reciclaje, es gratis y queda bien estéticamente. Pero detrás de este truco tan popular se esconde un riesgo químico silencioso.
Las latas de conserva son envases de un único uso, diseñados para proteger, no para hornear. Están fabricadas de hojalata y recubiertas por dentro con una fina capa de barniz o resina plástica (muchas veces de tipo epoxi), cuya misión es evitar que el alimento ácido entre en contacto directo con el metal y lo corroa. El problema es que esa resina está diseñada para soportar la esterilización industrial a temperaturas controladas, no el calor seco y directo de un horno doméstico, que suele superar los 160-180°C, y menos aún ciclos repetidos de horneado-enfriado.
Cuando la lata entra al horno ocurren dos fenómenos peligrosos: el calor degrada el barniz interior y, al romperse esa barrera, sus compuestos químicos pueden migrar a la masa del bizcochuelo; y sin la barrera intacta, el alimento entra en contacto directo con el metal base y la soldadura, acelerando la migración de metales como estaño, aluminio o hierro hacia la comida. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y otros organismos de salud pública advierten constantemente sobre este fenómeno de migración: un envase solo es seguro para el uso específico para el que fue diseñado. Cuando un fabricante diseña una lata, la testea pensando en almacenar durazno en almíbar o dulce de batata, no en sucesivas cocciones a 180°C — al cambiar las condiciones de uso, se anula toda la seguridad del envase.
En la práctica: comprá moldes aptos para horno, de acero, silicona, vidrio templado o aluminio, diseñados para soportar altas temperaturas sin transferir toxinas. Y las latas de conserva, reciclalas en seco: para manualidades, como macetas o lo que se te ocurra, pero no para volver a meterlas en el horno.